Me gusta imaginar, por ejemplo, que mi almohada se convierte en un piano y mi vaso de leche se transforma en una réflex digital. El clóset se llena de chocolates, del techo caen cacahuates, el baño funciona, el teléfono no está cortado, mis zapatos no huelen mal.
Me gusta imaginarlo porque sí, porque gozo de tiempo libre para hacerlo, y porque no tengo nada mejor que hacer. No es que necesite alguna de las cosas enlistadas, tampoco las ambiciono, yo diría que me dan igual, pero a veces me hacen ojitos, y a mí los ojitos me matan.
He estado pensado en las matemáticas y en las estadísticas y he llegado a la conclusión de que por cada mil quinientas visitas comunes y corrientes, hay un visitante millonario. Así es, un millonario. Entiéndase millonario por alguien que tiene millones de pesos, dólares, euros, barriles de oro, o litros de petróleo. Fue así como llegué a la siguiente conclusión:
Los millonarios tienen mucho dinero
Una vena me reventó al pensar en todo esto y por un momento llegué a pensar en mí como un genio pero prefiero no ahondar en ello porque mis padres me inculcaron el valor de la humildad. Tras percatarme de que mi refrigerador estaba vacío y mirar detenidamente la manera desesperada en que mi perro bebía su propio vómito a falta de alimento y agua potable, llegué a otra interesante conclusión:
Necesito dinero
Acompañaba a mi mascota en su banquete cuando me vino a la cabeza una idea acojonante de esas que sacan chispitas como en las caricaturas y tienen vida propia:
¡Voy a abrir una cuenta paypal!
Y pues que la abro. Y pues, si es cierto, como dice mi madre, que hay un dios que lo ve todo y mi teoría es cierta, alguno de esos millonarios va a depositarme una cantidad sustancial de dinero con la que pagaré las deudas familiares y me iré a París, donde conoceré al amor mi vida, experimentaré con drogas duras, y abortaré a tres hijos. Todo esto con la única intención de hacerme pendeja.
Como soy una pordiosera burguesa, tarde o temprano esto tenía que pasar. Un pordiosero que no recibe limosnas en un vasito no puede jactarse de ser un pordiosero. Mi vasito se llama paypal y es bien moderno, tanto así que hasta es virtual.
Millonarios del mundo:
¡depositad!