Recuerdo con toda claridad la primera vez que lo vi. Fue en una fiesta. Iba llegando en el auto con mi padre y él estaba con un conocido en un auto estacionado frente a la casa de la cumpleañera. Lo miré unos segundos y vi en sus ojos que le gusté. Nada importante. Atracción física a primera vista que no derivó en nada. En ese entonces yo estaba enamorada de otra persona y creo que él también. Bajé la ventana y le pregunté a mi conocido si la fiesta era ahí. Me respondió que sí. Entré.
No interactué mucho con él. Fue una de mis primeras pedas e hice uno de los ridículos más memorables ever (mis amigos me hicieron burla por meses… no, esperen, aún lo hacen) y en resumen mi comportamiento fue vergonzoso pero divertido. No entraré en detalles para no desvirtuar mi relato, sólo diré que esa noche es mejor conocida como “La pecera sin peces” gracias a mí. Aplausos.
Yo ya conocía a O. de oídas. Era mencionado con frecuencia en mi grupo de amigos y su ex novia (una porrista rubia con la que charlaba todos los días en la escuela) me había hablado de él. Era el mejor amigo de mi mejor amigo y amigo/conocido de varios de mis camaradas. Ya tenía ganas de conocerlo. Famoso el chico.
Mi mejor amigo nos presentó pero no me hizo mucho caso. Algo le dije en mi pedez que no recuerdo y que no le hizo gracia, supongo que le parecí estupidísima (lo era) pero nada extraordinario. He ahí todo lo que pasó.
Nadie hubiera imaginado que entre nosotros dos, más adelante, surgiría algo. En serio. Me sigue sorprendiendo que haya surgido. Agradezco que haya sido así.
¿Y luego? Lo volví a ver algunas veces sin que pasara gran cosa. Sin embargo, y a lo que voy: exactamente un año después, justamente en el mismo lugar, algo importante y mágico empezó.
Fue un viernes.
* Comentarios y mentadas de madre al terminar la historia. No hay nada que comentar.
Hace 1 hora.

